Historia Argentina- © Enrique
C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania - Mail
to Enrique C. Picotto 14.11.03
VI- JUAN MANUEL DE ROSAS La historia juzga por Isidoro J. Ruiz Moreno - http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=160438
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El 21 de noviembre de 1851 se había acordado un nuevo tratado de alianza firmado por Honorio, o Indobregavel, por el Brasil, Herrera por la República Oriental y Diógenes Urquiza por los «Estados de Entre Ríos y Corrientes». «De modo indirecto y a socapa» no se declaraba la guerra a la Confederación, sino al «gobierno de la Confederación», con el objeto humanitario de «libertar al pueblo argentino de su opresión» y ayudarlo para que se «organice en la forma regular que juzgue más conveniente a sus intereses y a su paz y amistad con los Estados vecinos». Y, por supuesto, para que «estableciera con ellos relaciones políticas y de buena voluntad que tanto necesitan para su engrandecimiento recíproco» (Art. 1°). Y detrás de estas encomiables intenciones decía el tratado, pues nadie regala nada salvo buenos consejos:
Muy lejos está todo esto de Obligado. Dice José Luis Busaniche:
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Poco sabemos los argentinos sobre Caseros.
Prosigue Ruiz Moreno:
En los últimos tiempos de su dominación (1848) tuvo lugar el arbitrario fusilamiento de Camila O'Gorman y el sacerdote Gutiérrez, como para mostrar que el ánimo del dictador no estaba aplacado.
Ignora, o quiere ignorar, el Sr. Ruiz Moreno la participación que en estos tristes sucesos tuvieron los unitarios con sus instigaciones desde Montevideo. Camila y Ladislao Gutiérrez no fueron más que dos enamorados. Culpar de lo sucedido a los solos «ánimos» no aplacados del dictador es querer simplificar toda la tragedia, que no se puede explicar en una frase. Adolfo Saldías dedica todo el capítulo LXI de su Historia de la Confederación a Camila y Ladislao Gutiérrez. Es para mí el capítulo más conmovedor de su obra, que demuestra que Saldías no sólo era un historiador, sino también un profundo conocedor del espíritu humano. Abstengámonos de otros comentarios.
Continúa el Sr. Ruiz Moreno:
Tras Caseros llegó para Juan Manuel de Rosas un largo destierro, durante el cual sufrió en carne propia lo que él había hecho padecer a tantos. Pero no supo sobrellevarlo con grandeza: solicitaba limosna a sus amigos y hasta se la reclamaba a Urquiza, causante de su caída...
Acabamos de ver que el Brasil se considera el vencedor de Caseros, para lo cual había comprado a Urquiza. Rosas trabajó en su exilio hasta pocos días antes de su muerte, el 14 de marzo de 1877, a los 84 años. Al igual que Rivadavia en Baring Brothers – y otros políticos argentinos de todas las épocas – podría Rosas haber dispuesto de bienes en Londres o París (en su caso muy especial, de bienes propios, entendamos). Prefirió salvar en lugar de caudales todo su archivo que nos ayuda ahora a echar luz sobre su vida. «Esto me defenderá ante la historia», dijo, y volvió a triunfar con su previsión y con su inteligencia.
Es verdad que tuvo que pedir ayuda, habiendo sido uno de los hombres más prósperos de su tiempo, antes de entrar en el gobierno, no olvidemos. Alguien que durante su carrera política cedió para obras de beneficencia todos los sueldos que la Nación le abonara y que, en momentos de apuros, hasta prestó a la Nación sumas de su peculio. Así lo consigna E. H. Celesia, Rosas, Aportes para su historia, I, 104 et seq., muy a regañadientes, pero así consta. |
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