Historia Argentina- © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

            

VI- JUAN MANUEL DE ROSAS La historia juzga por Isidoro J. Ruiz Moreno - http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=160438

              

El 21 de noviembre de 1851 se había acordado un nuevo tratado de alianza firmado por Honorio, o Indobregavel, por el Brasil, Herrera por la República Oriental y Diógenes Urquiza por los «Estados de Entre Ríos y Corrientes». «De modo indirecto y a socapa» no se declaraba la guerra a la Confederación, sino al «gobierno de la Confederación», con el objeto humanitario de «libertar al pueblo argentino de su opresión» y ayudarlo para que se «organice en la forma regular que juzgue más conveniente a sus intereses y a su paz y amistad con los Estados vecinos». Y, por supuesto, para que «estableciera con ellos relaciones políticas y de buena voluntad que tanto necesitan para su engrandecimiento recíproco» (Art. 1°). Y detrás de estas encomiables intenciones decía el tratado, pues nadie regala nada salvo buenos consejos: 

«Para poner a los Estados de Entre Ríos y Corrientes en estado de sufragar los gastos extraordinarios que tendrán que hacer con el movimiento de su ejército, Su Majestad el Emperador de Brasil les proveerá en calidad de préstamo la suma mensual de cien mil patacones por el término de cuatro meses contados desde que dichos estados ratifiquen el presente convenio». «Su Excelencia el señor Gobernador de Entre Ríos se obliga a obtener del gobierno que suceda inmediatamente al del general Rosas, el reconocimiento de aquel empréstito como deuda de la Confederación Argentina y que se efectúe el pronto pago con el interés del 6 % al año. En caso, no probable, de que esto no pueda obtenerse, la deuda quedará a cargo de los Estados de Entre Ríos y Corrientes, y para garantía de su pago, con los intereses estipulados, Sus Excelencias los señores Gobernadores de Entre Ríos y Corrientes, hipotecan desde ya las rentas y los terrenos de propiedad pública de los referidos Estados». «Los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes se comprometen a emplear su influencia cerca del gobierno que se organice en la Confederación Argentina para que éste acuerde y consienta en la libre navegación del Paraná y los demás afluentes del río de la Plata». «Queda entendido que, si el gobierno de la Confederación y los otros Estados ribereños no quisieran admitir esta libre navegación, los Estados de Entre Ríos y Corrientes la mantendrán en favor de los Estados aliados». ...«El gobierno de la República del Paraguay será invitado a entrar en la alianza». «Este convenio se mantendrá secreto hasta que se consiga su objeto».

 

Muy lejos está todo esto de Obligado. Dice José Luis Busaniche:

«Y no sólo pesaba sobre Urquiza el empréstito contraído con el Brasil y la hipoteca sobre rentas y tierras argentinas, que era, en rigor, hipoteca sobre ambas provincias porque vulneraba lo más esencial de su soberanía, sujetando sus rentas y su sueldo al Brasil; pesaba también sobre el firmante de los tratados la

 

intromisión del Imperio vecino en el Uruguay porque él (Urquiza) había influido como nadie sobre ese estado independiente en los tratados de 1851 y sin él Oribe no hubiera dejado el mando, ni el partido blanco hubiera consentido en el alejamiento de su jefe. Y el Brasil, más que nunca miraba en estos momentos la antigua provincia del Imperio, llevado por su inmoderado apetito de expansión territorial. También el reconocimiento del Paraguay independiente era obra de Urquiza, y esa nueva república se aprestaba, no sólo a mirar de igual a igual a la Confederación, sino a discutirle límites en Misiones y el Chaco.» José Luis Busaniche, Historia Argentina, XXIII, 635 et seq.

 

Poco sabemos los argentinos sobre Caseros.

 

Prosigue  Ruiz Moreno:

 

En los últimos tiempos de su dominación (1848) tuvo lugar el arbitrario fusilamiento de Camila O'Gorman y el sacerdote Gutiérrez, como para mostrar que el ánimo del dictador no estaba aplacado.

 

Ignora, o quiere ignorar, el Sr. Ruiz Moreno la participación que en estos tristes sucesos tuvieron los unitarios con sus instigaciones desde Montevideo. Camila y Ladislao Gutiérrez no fueron más que dos enamorados. Culpar de lo sucedido a los solos «ánimos» no aplacados del dictador es querer simplificar toda la tragedia, que no se puede explicar en una frase. Adolfo Saldías dedica todo el capítulo LXI de su Historia de la Confederación a Camila y Ladislao Gutiérrez. Es para mí el capítulo más conmovedor de su obra, que demuestra que Saldías no sólo era un historiador, sino también un profundo conocedor del espíritu humano. Abstengámonos de otros comentarios.

 

Continúa el Sr. Ruiz Moreno:

 

Tras Caseros llegó para Juan Manuel de Rosas un largo destierro, durante el cual sufrió en carne propia lo que él había hecho padecer a tantos. Pero no supo sobrellevarlo con grandeza: solicitaba limosna a sus amigos y hasta se la reclamaba a Urquiza, causante de su caída...

 

Acabamos de ver que el Brasil se considera el vencedor de Caseros, para lo cual había comprado a Urquiza. Rosas trabajó en su exilio hasta pocos días antes de su muerte, el 14 de marzo de 1877, a los 84 años. Al igual que Rivadavia en Baring Brothers – y otros políticos argentinos de todas las épocas – podría Rosas haber dispuesto de bienes en Londres o París (en su caso muy especial, de bienes propios, entendamos). Prefirió salvar en lugar de caudales todo su archivo que nos ayuda ahora a echar luz sobre su vida. «Esto me defenderá ante la historia», dijo, y volvió a triunfar con su previsión y con su inteligencia.

 

Es verdad que tuvo que pedir ayuda, habiendo sido uno de los hombres más prósperos de su tiempo, antes de entrar en el gobierno, no olvidemos. Alguien que durante su carrera política cedió para obras de beneficencia todos los sueldos que la Nación le abonara y que, en momentos de apuros, hasta prestó a la Nación sumas de su peculio. Así lo consigna E. H. Celesia, Rosas, Aportes para su historia, I, 104 et seq., muy a regañadientes, pero así consta.

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