Historia Argentina- © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

       

V- JUAN MANUEL DE ROSAS La historia juzga por Isidoro J. Ruiz Moreno - http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=160438

          

Este punto queda suficientemente aclarado al aplicarse el método histórico, que bien esquematiza Muñoz Aspiri. Prosigue el Sr. Ruiz Moreno con «La persecución a muerte», donde no encontramos otra cosa que manidos lugares comunes, por lo que podríamos finalizar aquí este análisis. Veamos no obstante algunos de estos puntos:

 

Contaba en Buenos Aires con la suma del poder público, que, aboliendo el sistema republicano de gobierno, lo convertía en una autoridad sin límites.

 

La suma de poderes le fue otorgada a Rosas en su segundo gobierno; el imperfecto contaba da a entender que siempre fue así. Correcto sería expresarlo en perfecto simple, contó. Rosas se recibió del cargo el 13 de abril de 1835, que fue el resultado del plebiscito que se llevó a cabo durante el 26, 27 y 28 de marzo, donde se convocó por su expresa voluntad 

«... a todos y cada uno de los ciudadanos habitantes de esta ciudad, de cualquier clase y condición que sean, que expresen su voto precisa y categóricamente sobre este particular, quedando éste consignado de modo que en todos los tiempos y circunstancias se pueda hacer constar el libre pronunciamiento de la opinión general.» Diario de sesiones, núm. 506, sesión del 18 de marzo de 1835

Recordemos al Sr. Ruiz Moreno algo que probablemente conozca él mejor que el diario de sesiones de la junta, y es el Contrato social de Rousseau, que prevé en su libro IV, cap.6° la suma de poderes y el plebiscito: Pero únicamente los mayores peligros pueden justificar la alteración del orden y no se debe detener jamás el sagrado poder de las leyes a no ser cuando se trate de la salvación de la patria... si el peligro es tal que el aparato legal sea un obstáculo, se nombra un jefe supremo que haga callar todas las leyes y suspender momentáneamente la autoridad soberana.

 

Dice el Sr. Ruiz Moreno respecto de Caseros:

 

Los resultados de la batalla de Caseros, que puso término al régimen, mostraron elocuentemente que el objetivo de la guerra civil era la reunión del Congreso Constituyente Federal.

 

El gobierno de la Confederación fue depuesto por el Brasil imperial. Después de Caseros, las tropas de Pedro II demoraron su desfile por las calles de Buenos Aires desde el día 3 hasta el 20 de febrero para poder conmemorar así con la derrota de la Confederación lo que se llamó «el desquite de Ituzaingó», a los 25 años de la derrota imperial. Caxias remite el 12 de febrero de 1852 el parte de batalla a su ministro de Guerra, Souza e Mello: 

«... Cúmpleme comunicar a V. E., para que lo haga llegar a S.M. el Emperador, que la citada 1a. División, formando parte del Ejército Aliado que marchó sobre Buenos Aires, hizo prodigios de valor valor recuperando el honor de las armas brasileñas perdido el 20 de febrero de 1827

Boletín Instituto JMR, 04.02.1951

Urquiza quiso impedir la entrada en triunfo del Brasil el 20 de febrero – tal vez ilustrado por alguien a último momento – pero sus jefes imperiales lo echaron  con cajas destempladas. Manuel Marques de Souza, Vizconde de Porto Alegre, respondió con desaire: 

«A vitoria desta campanha e uma vitoria de Brasil e a Divisão Imperial entrará em Buenos Aires com todas as honras que lhe são devidas, quer V. Excia. ache conveniente o não.» Gustavo Barroso, A Guerra de Rosas, 159

Fue Buenos Aires la primera capital sudamericana recorrida en triunfo por el Imperio. La segunda fue Montevideo, tras el sitio de Paysandú en 1865. La última fue Asunción, el 5 de enero de 1869. Y siempre anduvieron algunos «argentinos» haciendo de changadores, como lo habían hecho antes para los franceses e ingleses.

 

A algunos historiadores pocos informados sobre Caseros que sonríen con indulgencia al encontrar que en los libros de historia brasileños se llame vencedor de Caseros al brigadier Marques de Souza, Vizconde de Porto Alegre, Gustavo Barroso contestaba:

«... nosotros estamos en el Brasil en la dulce ilusión de que la División brasileña de Manuel Marques de Souza fue la que decidió en verdad la batalla de Caseros. Y aún cuando su papel no hubiera sido el principal, el Vizconde de Porto Alegre fue uno de los vencedores de la guerra y pudo ser llamado por Jourdan vencedor, sin exagerar, como lo hace. Sabemos perfectamente que no habiendo derrotado nunca un general argentino nuestras tropas en los suburbios de Río de Janeiro, y desfilado en ésta triunfalmente con sus tropas a banderas desplegadas, al compás de la música, aunque fuera junto a revolucionarios nuestros, no es nada agradable para nuestros amabilísimos vecinos que el Vizconde de Porto Alegre haya conseguido esa gloria.» A Guerra de Rosas, 143-144

No caben dudas de que Barroso, por lo menos en su última frase, tiene razón. Urquiza, comprado por el Brasil, nada tenía que decir y sólo obedecía, como vimos: «quer V. Excia. ache conveniente o não...» Y seguiría obedeciendo desde ahora. Urquiza había cobrado 400 000 patacones para «pronunciarse». De esto hay pruebas más que suficientes. Cito aquí a un unitario, a quien don Justo llamaba el «boletinero» de Caseros, quien le enrostra a Urquiza en carta del 13.10.1852: 

«Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.»

[...]

«Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado [Honorio Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel] referir la irritante escena, y los comentarios: "¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria."» Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay

 

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