Historia Argentina- © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

       

IV- JUAN MANUEL DE ROSAS La historia juzga por Isidoro J. Ruiz Moreno - http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=160438
         

Veamos: El cónsul Mendeville había pedido sus pasaportes al negársele la libertad de los vascos franceses llamados a las milicias, y el gobierno se los entregó. Mendeville pidió apoyo a la escuadra francesa del vizconde de Venancourt, quien se apodero el 21 de mayo de 1829 de dos buques en Los Pozos, el pontón Cacique y la fragata Rondeau, en los que se encontraban confinados por los insurrectos de diciembre Balcarce, los Anchorena, Arana, Maza, García Zúñiga, Aguirre, Whrigt y otros que no pudieron huir después de la revolución que a las órdenes de Lavalle había fusilado a Dorrego.

 

Venancourt dejó en libertad a los prisioneros y exigió, para devolver los barcos, eximir a los vascos franceses de servir las armas. Rosas, como representante de la Convención Nacional Soberana, indica a Venancourt que los buques pertenecían a la Nación y habían caído en poder de los insurrectos de la revolución del 1° de diciembre. Que no los devolviera al gobierno ilegal de Lavalle, debiendo «guardarlos cerca y en seguridad», hasta tanto concluyera la guerra civil; que igual medida hiciera valer con los barcos «piratas» que surcaban el Paraná. Le ofreció una entrevista para explicarle la situación de los revolucionarios. El francés se arregló con los unitarios, quienes le entregaron los barcos el 25 de mayo (!).

 

Valentín Alsina resucitó veinte años más tarde la nota de Rosas en El Comercio del Plata tomándola de debates del parlamento francés de 1850, queriendo demostrar que Rosas en 1829 no había mostrado interés por defender la soberanía. Dice José María Rosa respecto de este juicio, que es el del Sr. Isidoro Ruiz Moreno:

«No es valedero: la situación de 1829 no es igual a la de 1838 (en 1829 el cónsul Mendeville no reclamaba contra la ley de milicias sino contra su aplicación a una guerra civil, en 1838 el vicecónsul Roger exigió terminante y perentoriamente la derogación de la ley de milicias aunque no se había convocado a nadie; en 1829 la escuadra francesa obró contra revolucionarios, en 1838 contra el gobierno de la Confederación; en 1829 los unitarios ceden, en 1838 Rosas no cede y se traba el conflicto). La actitud de Rosas, como delegado del gobierno soberano, era la que correspondía: decir al jefe extranjero que los buques pertenecían a la nación y no debían devolverse a los revolucionarios ni llevarse lejos, sino a las autoridades nacionales, o "guardarlos cerca y en seguridad" a las resultas de la guerra.» José María Rosa, Historia Argentina, IV, 112

 

Vemos que el Sr. Académico no ha pasado de Valentín Alsina en 1850. Sobre Malvinas dice:

 

Vinculado con ese desinterés por zonas alejadas de Buenos Aires, donde residía el núcleo de su fuerza y de sus propias actividades, el gobernador Rosas había intentado en 1838 entregar a la soberanía británica las Islas Malvinas, a cambio de la cancelación de un préstamo otorgado a Buenos Aires por una banca inglesa particular. Nada afectó al dictador porteño el reclamo basado en el honor nacional mancillado por la usurpación violenta ejercida.

 

Tampoco hay aquí rastros de documentación, como en toda la exposición del Sr. Académico. Antes de ver qué dicen los documentos indiquemos de paso que la deuda con Baring Brothers la había contraído don Bernardino Rivadavia, «el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos» (B. Mitre, 20 de mayo de 1886 – Mitre, Arengas selectas, Colección Grandes Escritores Argentinos).

Respecto de Rosas y las Malvinas dice José Luis Muñoz Azpiri: 

«El Archivo General de la Nación conserva dos oficios confidenciales y dos borradores, a los cuales difícilmente podría dotarse de la jerarquía de documentos, donde se habla de una "indemnización" y "transacción pecuniaria" respecto de las islas. Interpretamos que el término "indemnización" deberá volver a enunciarse, en su mejor sentido, con motivo de la transferencia de soberanía malvinense a la Argentina. En el mensaje de 1842 a la Legislatura, Rosas expresa: "El gobierno espera una solución equitativa y honorable que terminará amistosamente la cuestión", anhelo que es común a los argentinos de 1966, a comenzar por las autoridades nacionales y el servicio diplomático. Alfredo L. Palacios observa, no obstante, en dichas palabras, una intención equívoca, preludio del afán de "comerciar con la dignidad nacional" que alentaría el autor. Esta negociación o este proyecto de trámite deberán ser sometidos a un severo examen histórico y diplomático, antes de continuarse reproduciendo libremente los textos inconexos relacionados con él. Delante y detrás de dichos papeles se yerguen la guerra triunfante y la paz victoriosa de Obligado, que obran como respuesta decisiva a tales interrogantes. Nadie borra con tinta lo que ha sabido escribir con sangre.

 

El primer principio metodológico en los seminarios universitarios de historia consiste en aceptar que ningún documento dice más de lo que expresa; por el contrario, la norma hermenéutica prescribe dotar de veracidad únicamente al significado más restringido de un texto. Todos los alegatos argentinos en pro de las islas, desde el de Manuel Moreno a los de Ruda y Carril, advierten que jamás invocó Inglaterra títulos de dominio sobre la isla Soledad, y sí sólo sobre la peña de Sounders, lo cual podría inducir a suponer que se ha tratado de "traficar" con la suerte de dicho islote o con la entera Gran Malvina. O acaso, que fue una fortuna para los intereses nacionales que Onslow violase las instrucciones recibidas atacando y ocupando la isla de Soledad, porque de haber "reasumido los derechos ingleses", tan sólo en Puerto Egmont, careceríamos de razonamiento hoy día para pretender el desalojo británico de dicho lugar. En tal modo, la "Clío" y no la "Sarandí" debería navegar a través del escudo argentino de las Malvinas... De más está decir que dicho punto censurable de nuestros memoriales y reclamaciones deja de ser considerado tal cuando se medita en que no pasan de ser pruebas de esgrima forense. Así, la "negociación" con los Baring.

 

Un digno y autorizado jurista, que no milita en las filas del revisionismo histórico, Raúl de Bougle, ha escrito en estos días  (La cuestión Malvinas en las Naciones Unidas, Buenos Aires, 1965):

"No corresponde mencionar la pretendida cancelación por Rozas del crédito de 'Baring Brothers' mediante la cesión de las Malvinas porque ello no está probado fehacientemente".» José Luis Muñoz Aspiri, Historia completa de las Malvinas, 1966, II, 171-172

 

Retornar
Página anterior Próxima página
Mail to Enrique C. Picotto