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I- JUAN MANUEL DE ROSAS La historia juzga por Isidoro J. Ruiz Moreno - http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=160438
            

Con motivo de la inauguración del monumento de Juan Manuel de Rosas el 8 de noviembre de 1999 apareció entre otros editoriales del mismo tenor publicados sobre el tema «Rosas» en «La Nación», un trabajo del Dr. Isidoro Ruiz Moreno titulado «La historia juzga»
 

Este trabajo —que el Sr. Ruiz Moreno, miembro de la Academia Nacional de la Historia, fundamenta lejos de toda metodología hermenéutica únicamente en sus afirmaciones— muestra sorprendentes lapsos respecto del conocimiento de nuestro pasado, algo absolutamente inadmisible en un miembro de la Academia Nacional de la Historia  y de la de Ciencias Políticas.

 

Este análisis —enviado oportunamente al autor y al órgano que le diera difusión, LA NACIÓN de Buenos Aires, de quienes no se obtuvo reacción ninguna— fue publicado por el

 

Instituto Nacional  de Investigaciones Históricas JUAN MANUEL DE ROSAS

 

en su REVISTA N° 57 de octubre/diciembre de 1999.  


 

JUAN MANUEL DE ROSAS

La historia juzga

por Isidoro J. Ruiz Moreno

Miembro de la Academia Nacional de la Historia

para LA NACIÓN

 

Análisis del editorial del

8 de noviembre de 1999

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=160438

 

La lectura de estas disquisiciones da la impresión de que quien aquí juzgara a Rosas no es la historia, sino el mismo Sr. Ruiz Moreno, quien opina que se ha pretendido «deformar favorablemente la imagen del antiguo gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas». El uso de adverbios y adjetivos evidenciado por los supuestos historiadores que ilustran la edición de «La Nación» del 08.11.1999 pareciera mejorar cada vez peor, si agregamos aquí el título del producto de la Lic. Sáenz Quesada, justamente también referido a Rosas, donde habla de un «reclamo autoritario», sea esto lo que pudiera ser.

 

Continúa el Sr. Ruiz Moreno:

               

Pero la verdad basada en documentos contemporáneos, producidos por él mismo...

 

Si los documentos fueron producidos por Rosas, inevitablemente existieron en su mismo tiempo; si, por otro lado, son relativos al tiempo o época actual, no podrán haber sido «producidos por él mismo». No se entiende qué quiere decir aquí «contemporáneos». Esto al margen, pues lo que nos ocupa no es precisamente el uso del castellano, sino un posible contenido histórico del trabajo. De todas maneras, los «documentos» en que se basaría «la verdad» del Dr. Ruiz Moreno brillan absolutamente por su ausencia.

 

Dice Ruiz Moreno:

 

Quizá para procurar mayor claridad convenga separar los temas, sin guardar una cronología estricta, propia de otro tipo de trabajo.

 

Esto no procura ninguna claridad, al contrario: es una conocida excusa artificiosa a la que se acude cuando en una exposición basada meramente en palabras no se presentan documentos ni fuentes de ninguna especie. Sobre este «método histórico» —ya empleado por Sarmiento— decía Juan Bautista Alberdi:

«Es el primer libro de historia que no tiene fecha ni data para los acontecimientos que refiere. Es verdad que esa omisión procura al autor una libertad de movimientos muy confortable, por la cual avanza, retrocede, se detiene, va para un lado, vuelve al lado opuesto, todo con el método lógico con que un pescado rompe la onda del mar, o una mosca la del aire.» J. B. Alberdi, Facundo y su biógrafo

Éste es el «método» que prefiere el Sr. Ruiz Moreno, miembro de las Academias Nacionales de la Historia y de Ciencias Políticas. No es la primera vez que para respaldar afirmaciones se presentan títulos en lugar de documentación.

 

Para comprender cabalmente a Rosas debe considerárselo más porteño que argentino. Desconocedor del interior del país (sólo visitó Santa Fe), vivió preocupado por la situación del puerto de Buenos Aires, en torno al cual hizo girar a todas las provincias de la Confederación, sometiéndolas por completo a sus directivas. Lo expuesto quiere decir, desde ya, que traicionó la doctrina federal que proclamaba sostener.

 

Hasta aquí, lo único «expuesto» son las palabras del Sr. Académico, que no por su pretensión de apodícticas – Lo expuesto quiere decir, desde ya – pudieran considerarse pruebas. Prosigue:

 

Pues es sabido que, pese a haber ratificado el Pacto Nacional de 1831, se negó tenazmente a reunir el Congreso Constituyente que este acuerdo establecía en forma obligatoria, como medio para hacer triunfar el sistema, y persiguió a muerte (no es una imagen literaria) a cuantos exigieron el cumplimiento de dicho postulado.

 

No hubo tal «Pacto Nacional». Por el año, 1831, probablemente se refiera el Sr. Académico al Pacto Federal, celebrado el 4 de enero de 1831. Fue firmado por sólo tres de las provincias, y sus representantes fueron José María Roxas y Patrón por Buenos Aires, Domingo Cullen por Santa Fe y Antonio Crespo (que había sustituido a Miranda) por Entre Ríos.

 

Este acuerdo, que contenía 17 artículos, no habla en absoluto de un «Congreso Constituyente», sólo habla de una Comisión Representativa en su artículo 

15°) Ínterin dure el presente estado de cosas y no se establezca  la paz pública de todas las provincias de la República, residirá en la capital de Santa Fe una comisión compuesta de un diputado por cada una de las tres provincias litorales cuya denominación será Comisión Representativa de los gobiernos de las Provincias litorales de la República Argentina [...]

El artículo 16° fija las atribuciones de esta Comisión y dice en su punto 

5°) Invitar a todas las demás provincias de la República cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en Federación con las tres litorales; y a que por medio de un Congreso General Federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal [...]

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